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A ofensiva das empresas xornalísticas, Mundo, El Correo, Diario de Levante, Etc ten a súa resposta nesta artículo de Dardo. Saúdos;


La libertad de prensa no está peligro;

la independencia de los periodistas, sí

La falta de rigor y la desinformación invalidan el ataque de Víctor de la
Serna al proyecto de ley que aspira a regular la profesión periodística y
garantizar el derecho de la ciudadanía a una información veraz y plural

Dardo Gómez

Secretario de Organización de la Federación de Sindicatos de Periodistas
(FeSP )

No nos ha sorprendido a los informadores la virulencia con que algunas
empresas periodísticas se han revuelto, como era de esperar, contra la
decisión del Congreso de los Diputados de tramitar un proyecto de ley de
Estatuto del Periodista Profesional. Tampoco nos sorprende, por lo repetido,
el discurso tremendista contra esta reivindicación de los periodistas para
regular legalmente el ejercicio de nuestra profesión y garantizar el derecho
de la ciudadanía a una información veraz y plural. Sin embargo, esperábamos
mayor altura en sus alegatos.

El pasado 4 de diciembre, el periódico El Mundo publicó un artículo de
Víctor de la Serna, con el esperpéntico título Los enemigos de la libertad
de prensa vuelven a la carga. Si el editorial de días antes del mismo
periódico mostraba una falta de rigor impropia de ese medio, este artículo
destaca por su falta de documentación y exactitud.

Una somera lectura del proyecto de ley hubiera bastado para evitar un título
tan lamentable. De verdad: yo no he conocido ningún periodista que esté en
contra la libertad de prensa, ni a nadie en su sano de juicio que piense que
está en peligro en toda Europa, donde la libertad de empresa la garantiza.

El articulista adjudica la paternidad del proyecto de Estatuto a la
Federación de Sindicatos de Periodistas (FeSP), lo que nos honraría; pero
sólo hemos sido partícipes en una tarea común de los colegios de periodistas
de Cataluña y de Galicia, las agrupaciones de periodistas de CCOO y UGT, la
Federación de Asociaciones de la Prensa de España (FAPE) y la FeSP. Todos
estos grupos están integrados en el Foro de Organizaciones de Periodistas,
que ha asumido la tarea de dar forma a un proyecto que ha sido debatido y
aprobado en las tres ediciones de la Convención de Periodistas de España
celebradas durante los últimos años.

Dice el señor De la Serna que la Federación de Asociaciones de la Prensa “se
ha desenganchado” de este proyecto. Está mal informado, porque eso no ha
sucedido; sólo ha habido declaraciones contrarias del presidente de la
Asociación de la Prensa de Madrid, pero otras asociaciones de la FAPE han
reafirmado su respaldo al proyecto. Hace pocos días, el presidente de la
Federación de Asociaciones de la Prensa de Andalucía abogó por una ley de
prensa y un Estatuto del periodista “para mejorar la independencia y las
condiciones laborales de los que se dedican a esta profesión”. Lo mismo ha
hecho la Asociación de la Prensa de Asturias que, junto a todas las
organizaciones del Foro de Periodistas en esa autonomía, ha solicitado y
obtenido el voto unánime del parlamento asturiano, incluido el PP, para
pedir al Parlamento de España el respaldo al proyecto.

En cuanto a los apoyos que ha tenido en el Congerso el proyecto de ley que
presentó el grupo parlamentario Izquierda Unida-Izquierda Verde-Iniciativa
per Catalunya Verds, que el articulista denomina “respaldo del bloque
progubernamental”, hay que aclararle que todos los grupos parlamentarios
-con la única excepción del PP- votaron a favor de que se tramite este
proyecto, e incluso anunciaron que presentarán enmiendas para mejorarlo.
Algunos de ellos son tan poco proclives a "sovietizar" las redacciones (otra
perla del articulista) como el PNV, CiU o Coalición Canaria.

Un derecho y un deber

Como Víctor de la Serna confiesa que no comprende la coexistencia del
derecho y el deber de informar y dice que no hay “por dónde cogerlo”, lo
explicaremos apelando al abundante material que catedráticos, juristas y
muchos fundamentos legales de varios países nos permite disponer. Un repaso
por la facultad a todos nos rejuvenece.

Así como el derecho a informar incluye la libertad de expresión, la de
imprenta y el de constitución de empresas informativas, el derecho a ser
informado incluye la facultad de recibir información objetiva y oportuna,
que debe ser completa y universal. Es decir, que el receptor tiene el
derecho a conocer toda la información disponible y ésta debe ser para todas
las personas, sin exclusión alguna.

Por eso, el derecho a la información ha sido reconocido como un derecho de
doble vía: del emisor y del receptor. Para cumplir esa doble función se debe
garantizar al informador la elaboración y emisión independiente, porque el
derecho a informar se concibe al servicio de la opinión pública. Cualquier
interferencia en ese proceso, provenga del poder político, del poder
económico o de los propios medios, atenta no sólo contra los derechos
individuales de los informadores y de los ciudadanos sino contra las bases y
fundamentos del Estado democrático.

Por lo tanto, el informador tiene el derecho a informar y, al mismo tiempo,
el deber de hacerlo de manera veraz y objetiva. Hay que partir del principio
que la información es propiedad de la ciudadanía y no de los medios ni de
los periodistas.

Hablemos de Europa

En cuanto a la mención al Estatuto del Periodista francés que hace el señor
de la Serna, debiera haberse informado que éste data del 29 de marzo de 1935
y que, aunque nació fundamentalmente para regular la cláusula de conciencia,
los legisladores galos tuvieron el suficiente talento como para entender que
debía ser un instrumento para preservar la independencia del “cuarto poder”
y reunió en un único documento legal derechos profesionales y laborales. De
haberlo consultado, hubiera visto que hay en su contenido mucho más que una
simple cuestión de impuestos.

Igualmente es recomendable alguna lectura del Ordine dei Giornalisti
italiano que, por lo que escribe, tampoco ha tenido tiempo de hojear. Fue
sancionada el 3 de febrero de 1963, para entonces, la herencia fascista que
le atribuye estaba un tanto lejana; y ha servido, entre otras cosas, para
impedir que el señor Berlusconi impusiera los derechos de empresa por encima
de los de la información y para evitar que los periodistas digitales fueran
denominados “proveedores de contenidos” y excluidos del convenio de
periodistas.

En cuanto a esta “mordaza” que el Estatuto nos impondría a los latinos y
que, según el señor De la Serna, no padecen los suecos, cabe recordarle que
entre las variadas leyes que en Suecia regulan el derecho a la información
se recoge que aun “teniendo en cuenta la relevancia de la más amplia
libertad de expresión y de información en las materias políticas,
religiosas, profesionales, científicas y culturales (…) la aprobación de
normas que regulen detalladamente un modo particular de difusión o de
recibir información, sin atender a su contenido, no será considerada como
una restricción a la libertad de expresión y de información.” Como se ve,
los periodistas nórdicos tampoco piensan que regular signifique recortar
libertades ni perjudicar el derecho de expresión o la libertad de prensa.

También el Consejo de Europa

Ya que el articulista invoca, también con ligereza, el respaldo de
organismos internacionales a sus alegaciones, cabe mencionarle el punto 32
del Código Europeo del Periodismo, aprobado por unanimidad del Consejo de
Europa el 1 de julio de 1993, que establece: “En el interior de la empresa
informativa deben convivir los editores, propietarios y los periodistas.
Para ello es necesaria la elaboración de estatutos de la redacción
periodística con la finalidad de ordenar las relaciones profesionales de los
periodistas con los propietarios y editores en el interior de los medios de
comunicación, con independencia de las obligaciones laborales. Dentro de
estos estatutos se preverá la existencia de comités de redacción.” Espero
que nadie prejuzgue que en todos los parlamentarios europeos se anida la
intención de "sovietizar" las redacciones.

Hay que lamentar que el señor De la Serna haya sido víctima de la
precariedad profesional. Da la sensación que le han metido prisas y que por
eso no ha podido contrastar la información, recopilar la documentación
necesaria o recurrir a fuentes bien informadas... De haberlo hecho, hubiera
podido redactar un artículo digno de su valía profesional y, de haber
contado con un buen Estatuto de los periodistas, hasta hubiera podido
negarse a poner su firma a un texto tan endeble en sus argumentos. Esperamos
que pronto contemos todos con esas garantías.

Diciembre de 2004







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